nuevo amanecer

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Cada amanecer puede ser mejor que el anterior.
Ayer colgué una foto en mi muro de FB porque me pareció muy hermoso lo que se veía desde el balcón de La Casa Grande y quería compartirlo con los amigos. Pero esta mañana, la bruma que se desperezaba en los llanos de la huerta, junto al río, eran hilachas doradas que te atrapaban en su ritual mañanero y otoñal. La visión era más hermosa todavía. Vivir cerca de la naturaleza tiene ese sortilegio. Ella, la naturaleza, en su devenir, te pone en tu sitio sin cesar. Te hace salir del ensimismamiento y la rutina cotidianos, detenerte unos instantes o un rato para admirarla y agradecer las pequeñas maravillas que nos rodean día a día. Ella se muda cada día, a cada instante para sorprendernos con detalles, matices y nuevas galas para que sonriamos. Basta con tener los ojos abiertos …y quizás también el corazón.
…y hace un rato la luz rosada del atardecer entraba en la cocina por si nos hubiéramos olvidado del glorioso atardecer que hemos tenido